Laura Román, paciente con párkinson desde los 37 años: “Duele físicamente y duele en el alma porque ves a tu gente pasarlo mal. Tienes un niño que empieza a crecer y no lo coges en brazos”


Existen enfermedades que tienen efectos silenciosos y no perceptibles para la gran mayoría de la población. La Sociedad Española de Neurología (SEN) habla del aumento de pacientes con párkinson en nuestro país, con más de 200.000 personas que padecen esta enfermedad y 10.000 diagnósticos nuevos al año.
Cada persona afronta la enfermedad de un modo completamente diferente. El caso de Laura Román es muy llamativo, ya que rompe con los principales estereotipos de esta enfermedad. Es una mujer, aunque existe la creencia de afectar principalmente a hombres, y su diagnóstico lo recibió a la temprana edad de 37 años.
Laura Román es la protagonista de uno de los capítulos del pódcast de Roca Project, donde mantiene una charla con Carlos Roca para desgranar algunos detalles de su enfermedad. “Duele físicamente y duele en el alma porque ves a tu gente pasarlo mal”, explica ella.
Dejando a un lado los síntomas más conocidos de la enfermedad, existen otros que no son tan visibles. “Tienes un niño que empieza a crecer y no lo coges en brazos”, relata Román. “El otro día lo cogí en brazos. Él tiene 10 años ya y es casi tan alto como yo. Y él lo que disfrutaba era porque su madre lo había cogido en brazos”.
Se trata de una situación que ella misma reconoce como dura. “Hay veces que no puedes estar en los sitios que te apetece estar porque el ruido te molesta. El párkinson no es solo lo que se ve; te molesta el ruido, las luces, todo se multiplica en tu cabeza…”, confiesa la paciente.
No se puede confirmar que existan dos casos de pacientes con párkinson iguales, ya que se manifiesta de manera diferente en cada persona. “Salir de la cama era una odisea, vestirme otra. O sea, lo que es empezar el movimiento y luego tómate la medicación y espera a que te haga efecto”, reconoce Román.
La Federación Española del Párkinson divide los síntomas de esta enfermedad neurodegenerativa crónica en motores y no motores. Dentro del primer grupo apuntan a los temblores en reposo, la rigidez, la bradicinesia o lentitud de movimiento y la inestabilidad postural.
Dentro de los síntomas no motores existen varios: síntomas neuropsiquiátricos, como la ansiedad o la depresión; trastornos del sueño; síntomas sensitivos, como dolor o trastornos visuales; fatiga, disfunción autonómica; y síntomas gastrointestinales.
Ese dolor del alma del que habla Laura Román es una de las consecuencias de esta enfermedad. “Yo no he podido estar en muchos cumpleaños de mi hijo porque no podía por el ruido de los niños corriendo y jugando era horroroso”, reconoce.
Gracias a los avances de la ciencia, la medicación y una operación, Román intenta llevar una vida completamente normal. “Este año he podido estar en el cumpleaños de mi hijo, después de la operación”, asegura con mucha ilusión sobre este gran cambio.
Vivir con párkinson se convierte en un auténtico desafío para los pacientes que padecen esta enfermedad. De hecho, la Fundación del Párkinson trata de encontrar un equilibrio para estos pacientes que no implique renunciar a determinados aspectos de su vida diaria.
Fuente: www.clarin.com



